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Durante el mes de septiembre Venezuela vivió con intensidad un hecho que quizás en cualquier otra nación del mundo tenga poca trascendencia, pero no en la patria de Bolívar, donde un certamen de belleza detiene por completo la actividad del país, es imposible pasar por alto y más si por primera vez en la historia se consigue ganar por dos ediciones consecutivas la banda del Miss Universo, entrando en el Libro Guiness de Record.
Luego de este suceso, nuestro amigo periodista del Diario Líder, Reiner Itzurriaga, escribió una reflexión en su espacio en Facebook que atrajo mi atención, donde a modo de crítica, lamentaba que al parecer en nuestro país la única organización que ha tenido éxito probado por décadas es la del Miss Venezuela, y que si cualquier organización deportiva tuviera el mismo grado de eficiencia que tiene la fábrica de misses que tiene Osmel Souza, es posible que los logros de nuestros atletas se multiplicaran.
Intuyo que estas palabras podrán molestar a más de uno, por aquello de plantear que no tiene punto de comparación la preparación de un atleta con la de una Miss, sobre todo que la segunda le es permitido el uso de ayudas médicas de cualquier tipo, mientras que al segundo no, pero no se trata de ningún modo en comparar a las personas, que cada quien en su área trata de dar todo lo mejor para dejar en alto al país, más bien en las diferencias en la planificación que pueden tener la Organización Cisneros y la Federación Venezolana de Ciclismo.
¿Cómo medimos el éxito o fracaso de cualquier política o decisión que tomemos?, la Real Academia Española da la siguiente definición a la palabra Fracaso “Malogro; resultado adverso de una empresa o negocio” ¿Y cómo determinarnos si obtuvimos un resultado adverso?, pues en base a lo que nos habíamos planteado como objetivo, si se consiguió lo planificado, se logró el éxito, si no, pues se fracasó, esto siendo estrictos con la terminología, pero como bien sabemos somos más dados a buscar la excusa que a asumir responsabilidades.
En una entrevista que le hiciéramos a Manuel Guevara con motivo al Mundial de Ruta, el aragüeño dijo algo que consideramos acertado “al final los que hablan son los resultados”, lo que sucedió en Mendrisio, en términos estrictos fue un fracaso, pues no se logró lo que se dijo, mientras que la Miss Venezuela ganó el certamen universal; una planificación exitosa frente a una que no lo fue.
Pero ¡vamos!, no tenemos que ser tan rigurosos, el propio Guevara luego de la carrera nos dijo a través de un correo “Me parece muy buena la actuación de los muchachos en el mundial y estoy seguro que de haber hecho campaña en Italia con por lo menos de 90 días, hubiésemos tenido la posibilidad "real" con José Rujano de estar entre los mejores 10”, incluso fue más allá señalando al Profesor Edgar Da Silva como la persona idónea para trabajar con la Selección de Ruta, ya en la pista tiene en su haber dos podios mundialistas con Ángel Pulgar y Carlos Linares, una carta de presentación única en nuestro país.
Si leemos entre líneas, la critica no es a la actuación de los ciclistas, sino a la preparación que tuvieron para la cita Mundialista, nuestra Miss se prepara durante un año y antes de eso ya recibe un fuerte entrenamiento para participar en el Miss Venezuela que vendría siendo el equivalente a la “pre selección", luego de una rigurosa evaluación se determina la representante, en el ciclismo teníamos la oportunidad de llevar cinco corredores sub 23 y solo se llevaron dos, se pensó solo en este año y no en los venideros.
Pero volvemos al punto inicial, no se trata solo de cambiar personas, se trata de tener una organización eficiente con objetivos claros en el corto, mediano y largo plazo, y una estructura de trabajo para la consecución de esos fines, en definitiva un modelo exitoso merece ser imitado, uno que no lo es merece ser cambiado.
“La mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso.”
Peter Drucker (1909-2005) Escritor y consultor austriaco
bidagil@ciclismototal.net
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